Pregón de 1987 - John Rutherford

 

 

John Rutherford.

Un inglés que nació en 1941.

Por necesidades de sus estudios y su gran afán de aproximarse a la lengua de Cervantes, vino a España, concretamente a Ribadeo, donde se casaría con Manuela García Méndez, la “Tita del Castellano", con la que tuvo 4 hijas. Se licenció en 1963 y doctoró en 1969 en la Universi­dad de Oxford. Es Catedrático de Lengua y Literatura Españolas de esta Universidad desde 1965. Ha publicado varios libros de Crítica Literaria e Historia Social y tradujo al inglés la obra de Leopoldo Alas "Clarín": "La Regenta".

Fue condecorado por el Rey Juan Carlos en 1984 con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes.

Ha dado infinidad de conferencias, además de en Oxford: en Barcelona, Valencia, León, Murcia, Was­hington y Londres. Actualmente prepara una nueva traducción inglesa del Quijote.

Su afición principal: la música. Es miembro de la rondalla "Amigos de la Música" de Ribadeo y con su esposa e hijas formó el conjunto "Pícaras", que da conciertos en Inglaterra de música de rondalla y contribuyen a animar las noches del verano ribadense. Es un hombre sencillo, que quiere pasar desapercibi­do, y desde lo más profundo de su ser, aparte de su familia y su profesión, disfruta con nuestras gentes y nuestro entorno, de los que está enamorado.

 

Senoras e señores:
Nesta ocasión, na cal rendemos homenaxe á nosa querida gaitiña galega, o máis indicado, sen dúbida, seria que o pregoeiro falase na fermosa língoa galega. Pero non tódolos que aquí están coñecen o galego, xa que nos honran coa sua asisténcia visitantes doutras rexións de España, e quizais doutras nacións do mundo. De maneira que, co permiso de vostedes, vou falar en castelán.

Sobra decir que representa para mí un gran honor el haber sido elegido pregonero de esta nueva versión de la Jira de Santa Cruz. El ser elegido pregonero es, claro está, un honor para cualquier persona, pero lo es más aún para alguien que, como yo, no nació en Ribadeo, ni siquiera en España, y no nació de padres ribadenses, ni siquiera de padres españoles. Que yo sepa, no hay ni una gota de sangre gallega en mis venas, aunque como todos sabemos es bastante arriesgado hacer semejante afirmación, en vista de la legendaria ubicuidad de los gallegos. Los periódicos decian el año pasado que Mijail Gorbachov es, en realidad, Miguel Corbacho de Pontevedra, de modo que quién sabe si yo tenga algún desconocido antepasado gallego. Desgraciadamente, no lo creo. Lo que yo pueda tener de gallego y de ribadense -y crea que tengo mucho- Io tengo por aprendizaje, por absorción y por adaptación, no por herencia ni nacimiento. Y por esto, precisamente, es tan importante y tan emocionante para mí el ser pregonero de la Jira, porque parece que el serlo confirma este largo proceso de aprendizaje, absorción, y adaptación. Uno de mis idolos, Leopoldo Alas, "Clarín", era muy asturiano, pero no habia nacido en Asturias. Ante las preguntas acerca de su lugar de nacimiento solía contestar: “Me nacieron en Zamora", así dando a entender que ¿qué le ibamos a hacer?. Él no tenia la culpa. De parecida manera yo podría decir: "Me nacieron en Londres". Otro escritor español, un poeta del Siglo de Oro, Francisco de Borja y Aragon, principe de Esquilache, escribió:

“Porque es la patria al que dichoso fuere
donde se nace no, donde se quiere".

Yo desde luego, soy dichoso porque tuve la ocasión de escoger patria: mi segunda patria en el sentido meramente cronológico, pero la primera en el sentido espiritual. A pesar de que tenga que seguir viviendo y trabajando en Inglaterra, donde muchas veces me acuerdo de los versos de Antonio Machado, tan sencillos, preciosos y expresivos:

"En estos campos de la tierra mia,
y extranjero en los campos de mi tierra..."

¿Por qué, desde que llegué aquí por primera vez, hace más de 28 años, me atrae Ribadeo de manera tan imperiosa? ¿Por qué todavia a estas alturas, sigo contando los dias que faltan para la próxima visita a mi querido Ribadeo, como cualquier niño en espera de sus vacaciones de verano?

Por el clima no será, desde luego. Tampoco porque Ribadeo es hermoso: lo es, con puente y todo, puente que agradará más o menos según el gusto de cada uno, pero que ha salido mucho mejor de lo que algunos temíamos. A mí me gustan sus lineas sobrias, esbeltas y elegantes. Y las dos carreteras nos abren unas perspectivas nuevas sobre Ribadeo y su entorno y así nos Io dejan ver de otra manera distinta y hacen que apreciemos aún más su hermosura. Ribadeo va siendo más hermoso aún, con el tan deseado y bienvenido cambio de ubicación y de métodos del vertedero de basura: demos la enhorabuena a todos los responsables.

Pero no hace ninguna falta que yo venga aqui a alabar la hemosura del paisaje geográfico, conocido de sobra por todos los presentes. A mí por lo menos me importa todavía más el paisaje humano, y es de esto de lo que quiero hablar hoy, porque uno que, como yo, llegó hasta aquí desde fuera, y que sigue viviendo fuera gran parte del año, tiene unas perspectivas diferentes que le permiten fijarse en ciertas cosas importantes que los que viven aqui siempre y desde siempre podrian pasar por alto

Llegué aquí por primera vez en 1959,  un niño inocente de 17 abriles que solo conocia la vida monótona y desaborida de un típico suburbio londinense. Llevaba cinco años estudiando el español pero casi no lo sabía hablar, aunque lo escribía bastante bien, hasta tal punto que en un ejercicio de dictado en el Instituto Laboral, al que asistí con mi ahora cuñado Lolo, recibí la mejor nota de la clase. En Inglaterra mis profesores de español no enseñaban las formas gramaticales del tuteo. razonando que el tú solo se usa en relaciones íntimas y cordiales, y que como ningún inglés iba a formar tales relaciones en España, no les hacía ninguna falta a los estudiantes ingleses del español aprender a tutear. De modo que llegué tratando de usted a todo el mundo: a chicos de mi edad, a niños de cinco años, etcetera. La amable hilaridad provocada por tales dislates me estimuló a aprender muy rápidamente las formas singulares y plurales de la segunda persona: y entonces deslumbrado por este nuevo hallazgo, empecé a tratar de tú a todo el mundo. lo cual también causó algún pequeño problema.

Pero éstos fueron problemas sin trascendencia. Aquí me encontré desde el primer momento en un mundo nuevo, cuya existencia no había sospechado siquiera: un mundo de tanta más humanidad que el que conocia. La acogida tan humana que recibía al llegar a Ribadeo me demostró de manera espectacular que el razonamiento de mis profesores de español era muy equivocado.

Encontré aquí una sociedad con muy marcada identidad propia. dentro de la cual cada individuo establece y desarrolla su propia identidad y personalidad, y fija relaciones profundamente humanas con los demás: sociedad en la que cada persona encuentra su propio sitio, y adquiere el sentido de que significa algo en la vida. Para el que vive aquí siempre esto es lo normal, algo en que no repara porque es la realidad de todos los dias, pero para mí tue una revelación verdaderamente asombrosa, porque yo era un chaval que había vivido toda la vida en la sociedad demasiado homogénea y en este sentido inhumana de Inglaterra, donde los individuos tienden a ser meras cifras anónimas y los pueblos son, cada vez más, meros dormitorios sin personalidad propia. De modo que, al venir aquí, y al encontrar este mundo tan intensamente humano, también me encontré a mí mismo: es decir, empecé a forjar una identidad, una personalidad de la que hasta entonces había carecido.

Ya en aquellos momentos se decidió y se confirmó ml vocación de hispanista. La verdad es que creí entonces que había descubierto un paraíso terrestre, error evidente pero comprensible. Todos sabemos que Ribadeo, como cualquier otra colectividad humana, tiene sus defectos y sus profundos problemas. de los cuales no hablo aquí porque no es la ocasión para ello. Pero nunca falta la dimension humana, que muchas veces es la causa de los problemas pero que es tan importante, porque después de todo ¿qué somos si no somos seres humanos? y ¿qué sentido tiene la vida si no es una vida humana?. En vista de todo esto, supongo que era inevitable que me enamorara y me casara aquí, y que mis cuatro hijas tengan nombres gallegos.

Lo que crea y mantiene esta identidad y humanidad son las tradiciones culturales -en el más amplio sentido- de cada colectividad: su especial manera de hablar, su sentido del humor, los cuentos que narran y, claro está, su música tradicional. Todo esto es lo que se ha perdido en gran parte en Inglaterra, país demasiado uniforme y cada vez más americanizado. Allí la música popular tradicional se ha sustituido en su casi totalidad por la música pop, cosa que amenaza suceder en todas partes de un mundo que sufre un colonialismo cultural intenso y peligroso. Lo norteamericano está muy bien para los norteamericanos, pero nosotros debemos proteger y fortalecer lo nuestro, lo que nos define como individuos y como comunidad. Esta es una riqueza tan importante, por lo menos, como otras riquezas.

En este sentido, es muy alentador que haya en Ribadeo tantos gaiteros jóvenes. Porque cuando tocamos o escuchamos la gaita gallega, y también cuando participamos, actuando o presenciando en otras actividades musicales que mantienen tradiciones muy nuestras, como la Polifónica o la Rondalla, no solo estamos pasando un muy buen rato, sino que, quizás sin pensar en ello, estamos afirmando y fortaleciendo nuestra personalidad individual y colectiva como ribadenses. Estamos volviendo a vivir nuestro pasado, ese pasado que debemos recordar, respetar y honrar porque nos ha hecho lo que somos. Todo esto -y algo más- lo intenté captar en un pequeño poema, un soneto, que compuse para esta ocasión y que Ileva por título:

La Jira, 1987

          Las gaitas con sus cantos retozones,
          el tamboril de timbre tembloroso,
          y el bombo que implacable y muy pomposo,
          regula desmedidas efusiones,       

           llenan el alto monte con sus sones
           que filtran por acacia y pino airoso,
           por las mesas del pueblo bullicioso,
           y por las almas y los corazones.

           Pero el gaitero pétreo medita
           y, apartado de ambiente tan festivo,
           dirige su mirada hacia el camino:

           sentados a la sombra de la hermita,
           comenta la escena Primitivo
           y la observa, escuchándole, Etelvino.


Para los que no son de Ribadeo, debo explicar que Primitivo Díaz Pérez y Etelvino Méndez Martínez fueron dos grandes músicos, dos grandes defensores de la música gallega y ribadense, a quiénes tuve el honor de conocer. Primitivo falleció en 1.973 y Etelvino –mi abuelo político- en 1.962.

Que el tiempo nos sea propicio para que esta escena que intento evocar en mi soneto se realice mañana: que la ermita dé sombra para Primitivo y Etelvino, es decir, que haya sol.

Subamos todos a Santa Cruz, escuchemos las gaitas con sus cantos retozones, comamos y bebamos y bailemos; tamblén recordemos a nuestros antepasados que con su dedicación y su labor mantuvieron viva la preciosa y vital tradición de la música rlbadense. Olvidemos por un dia los conflictos y las luchas inevitables y necesarios de la vida cotidiana, y unámonos todos en la armonia y la alegria de la música.


Y ahora, como remate de este pregón, voy a pedir la ayuda de mis cinco picaras -es decir, mi mujer y mis cuatro hijas- para repetir esta invitación de manera musica.l Hemos hecho una pequeña composición para violines y flautas a base de variaciones sobre el tema de la muiñeira, y le hemos puesto por titulo "Ecos da Xira".

Dedicamos esta pieza a todos los que trabajan en la actualidad para mantener vivas las tradiciones musicales de Ribadeo, y sobre todo a Pancho Maseda y a sus compañeros de la comisión organizadora de la Jira. Sin los enormes esfuerzos de estos señores, no habría Jira. Con esta composicion tamblén quiero decir "Gracias a Ribadeo", que tan decisivo es y ha sido en mi vida personal y profesional.

Muchas gracias, también, por su atención.