Pregón de 1988 - José B Parga Lopez

 

José B. Parga López.

 

Nació en Ribadeo el 2 de Octubre de 1930. Su padre ribadense, su madre de Castropol. Casado. Desde pequeño vivió en Ribadeo y estudió el Bachillerato en el Colegio "Santo Tomás de Aquino" realizando la Reválida en la Universidad de Santiago. En 1947 marchó a Madrid para preparar el ingreso en la Escuela Especial de Ingenieros Navales. En 1957 empieza a trabajar como Ingeniero Naval en la Cía. Euskalduna de Bilbao. Obtiene el título de Doctor Ingeniero Naval en 1967. Su vida profesional, siempre dentro del campo de la lngeniería Naval, discurre entre Bilbao, Madrid y Gijón.

Todos los años viene a Ribadeo durante las vacacio­nes, manteniendo así una relación constante con el pueblo que le vio nacer.

Publicista y conferenciante, tiene confeccionados más de 50 trabajos entre artículos, conferencias, ponencias y otras publicaciones. Ha sido Presidente de la Asocia­ción de Ingenieros Navales de España durante seis años, y pertenece a diversas asociaciones extranjeras.

 

ANO 1988

 

Ribadenses; forasteros de afuera y forasteros de adentro.

Allá por el mes de Diciembre pasado con ocasión de un viaje que hice a Ribadeo visité a Pancho Maseda para arreglar mis recibos pendientes con la Sociedad Amigos da Gaita y, cuando estábamos en éstas, me espetó: ¿E por qué non fás tú o Pregón?

Acepté y aquí estoy en este sábado 6 de Agosto, concelebrando las vísperas de la Jira, que este año se pone de puntillas y cae en su punto más alto para conmemorar sus Bodas de Plata bajo la organización de la Sociedad de Amigos da Gaita.

Ribadeo, como muchas grandes ciudades tiene un término o feligresía porporcional­mente muy reducido. Sus límites son el mar, San Juan de Obe y Sta. Maria de Villaselan. A San Juan de Obe pertenece precisamente el Monte de Santa Cruz, como ya dijo en su dIa el Sr. Alcalde en una de sus "portas faxeiras" refiriéndose a la propiedad: "Sta. Cruz non pertence ao Axuntamento de Ribadeo senon que é propiedade dos veciños de Obe". Y Obe y Villaselán se abrazan en el barrio de la Virgen del Camino que se divide entre aquellas feligresías dando quizás un mayor y más profundo sentido a la letra de esa canción entrañable que dice:

"Santa Cruz tache no alto e Ribadeo no baixino e á beira da carreteira tache a Virxe do Camino".

He aquí varias referencias con algunas más que iré citando de la geografia monumental y simbólica de Ribadeo y su comarca. El de la ría innumerable; el mar, que quiso convertirse en la maravilla de la Ría para separar y unir Galicia y Asturias: Villaselán representada por su Iglesia a la que alguna vez hemos peregrinado en demanda de ayuda que, mudos, testimonian tantos exvotos de gentes en dificultades que creyeron, pidieron, y se vieron recompensados por su fe; Santa Cruz con su ermita y su cruz de piedra y luz arrulladas por las notas inaudibles que desgrana el gaiteiro que Faílde labró en granito: la Virgen del Camino, del peregrino y del romero, con la Cruz de Malta sobre el atrio que, diminuta, también campea sobre el atrio de la ermita de Santa Cruz. Y en medio Ribadeo con su torre de los Moreno, faro y punto de referencia de navegantes marítimos y aéreos que familiarmente la conocen por la torre que brilla.

Si la fiesta de la Santa Cruz se celebra en Mayo la Jira viene en celebrarse el primer domingo de Agosto y se debe, en su actual fisonomia, al tesón y a la iniciativa de un ribadense llamado Carlos Suárez Couto, a cuyos dos grandes amores, Ribadeo y el mar, añadió en los últimos años el Monte de Santa Cruz, combinándolo con la música, su gran afición de toda Ia vida, representada aquí por la gaita enxebre de la Galicia celta. Secundado por su hermano Amando, con el concurso inapreciable de Primitivo creó la primera agrupación de gaiteiras que tocan al unísono; y recreó la Jira a Santa Cruz, ayudando decisivamente a erigir los dos monumentos que con la ermita componen la gran trilogía de la explanada y a los que me he referido antes: la cruz de piedra y luz, y el gaitero.

Cuando se empezó la construcción de la nueva cruz se propuso demoler la antigua y clásica de cemento, pero D. Enrique, el Párroco, se opuso arguyendo que ya se hablaría de la demolición de la vieja cruz cuando estuviese terminada la nueva. Se terminó ésta y D. Enrique dijo entonces que había que esperar un cierto tiempo para probar su buena construcción, durante el que coexistirían ambas cruces sin que por eso pasase nada. Pasó el tiempo, no se volvió a hablar del asunto, y ahi tenemos quizás para siempre, el monte que podriamos llamar de las dos cruces como si se tratase de un mensaje de coexistencla de lo viejo y los nuevo en el simbolo por excelencia del cristianismo: la Santa Cruz.

Carlos Couto nos dejó hace años y Amando, aunque permaneció más tiempo entre nosotros también terminó yéndose. Hoy, el romero que sube a Santa Cruz, y también el turista curioso, se encuentra en el arranque de la corredoira que desde la carretera de Vilela en ágil escorzo lleva a la explanada de la ermita, y sobre una gran losa de cantería que recuerda la columna de un dolmen, una placa de metal dedicando la corredoira a Carlos y Amando Suárez Couto, en la expresión del mejor homenaje que el hombre puede rendir al hombre: una piedra y un nombre.

Dice Madoz en su diccionario geográfico, hablando de la situación y clima de Ribadeo, que desde la mayor parte de las casas se disfruta de un extenso horizonte maritimo de E a O. Y si esto era cierto para muchas de las casas del casco antiguo, que no lo es tanto para parte del ensanche, lo sigue siendo para muchos de los pequeños rascacielos que se levantaron en los últimos años, y en especial para la torre de los Moreno, el rascacielos ribadense por antonomasia. El espectáculo que desde aquí se divisa es grandioso, solo superado por el aún mas formidable que nos depara ese mirador único que es Santa Cruz. Desde alli, bajo el cielo azul con mechones blancos y grises podemos contemplar como desde un gran escenario que da la espalda al anfiteatro de pinos verde oscuro, los verdes mas claros del llano salpicado por las manchas de color tierra y los amarillos de los campos de trigo y hierba seca, mientras surgen aquí y acullá las columnas de humo de las hogueras donde se quema la maleza. Allá abajo está la Villa que sin solución de continuidad se confunde con el Campo de San Roman y la blanca Figueras. A su alrededor las casas aparecen dispersas y uno recuerda con nostalgia aquellos eucaliptus gigantes que en el Jardín se erguian casi hasta el cielo en alas del viento. Con la Ría semejando un lago, frente por frente tenemos a Castropol con la airosa torre de su iglesia y la mole de su casino. A la izquierda queda la gran ensenada de la Liñeira con Berbesa al fondo. Más lejos se levantan suaves los montes astures. Más allá, girando hacia el Norte, quedan Porcia, La Caridad y Coaña, marca oriental de la Galicia que penetra en Asturias. Continuando el giro, el inmenso mar de color azul verdoso que se viste de blanco en su beso interminable a la tierra. Y al fondo el paredón del Noroeste que a guisa de zócalo gran rodapié sella la union del mar con el cielo en el horizonte curro. Tapia, la Punta de la Cruz, la Isla Pancha, la Ínsula, Piñeira, y ya asomados al mirador que da al Norte, ocultos tras los jóvenes pinos que crecen en la Iadera, Rinlo, Los Castros, Reinante, San Miguel, Barreiros, Foz, y muy hacia el Oeste, mas allá de Burela, los Farallones de San Ciprián. Detrás del viajero se oye el rumor de pinos y eucaliptus acariciados por el viento y se intuye el mensaje silencioso y cansado del gaitero impertérrito También se siente la cruz y la ermita cerrada y sin campana. Hoy ya apenas se oye el tañer; ya no hay sinfonías de campanas. Nos damos la vuelta y vemos las dos cruces, la ermita y el gaiteiro que nos observan en silencio. Al fondo se presienten las fragas que se extienden hasta el Río Grande y mas allá los Montes de Ferreira saludando desde lo alto Porto fronterizo. Y hundida en Ia bruma La Vega y a su espalda Las Dos Tetas. Y hacia la izquierda la Bobia, y abajo Vilavedelle y Veloso y Fontela. Y de nuevo Castropol con su luz inigualable Quedo y lejano se cescucha el ruido casi imperceptible de la civilización. Y contemplamos de nuevo la pequeñez de Ribadeo y la inmensidad del mar: y Obe y Villaselán que se abrazan en la Virgen del Camino. ¿Harían ahi una parada los que peregrinaban a Compostela siguiendo el camino llamado alto en su variante de Oviedo-La Espina-el Eo y del Eo a Compostela por mil caminos? ¿Y pasaria alguno de estos mil caminos por Santa Cruz, no ya como hito religioso sino como mirador incomparable desde donde contemplar una parte del recorrido y sosegar el espíritu y el cuerpo con el descanso y la paz del lugar?

De los tres pasos identificados del Eo uno arrancaba de Figueras y terminaba en la costa ribadense quizas en Cabanela, quizas en Porcillan, quizas en Figueirúa, quizas en Villavieja. Desde la Villavieja, se podria subir directamente al Monte pasando por cerca de La Palmeira.

Desde Figueirúa se podria llegar al Alza o a Recarey pasando por la Pedreira para desde aqui proseguir hasta Santa Cruz. Por último tenemos la ruta mas probable que es la que arranca de Cabanela o Porcillán, del núcleo mas antiguo de la Villa. Desde Cabanela subirían hasta la Fortaleza y desde alli por San Francisco y Recarey llegarian arriba, recayendo en la ruta que partía de Figuerúa. Desde Porcillán podrian subir por la antigua Rúa d'os Ferreiros, hoy Antonio Otero para, siempre en línea recta, legar a Recarey: o bien saltar a Guimarán y Gibraltar en la linde con Villaselán para ir a dar a la Virgen del Camino y de allí al Covo y a lo alto del Monte. Si, como dice Cándido Sanjurjo, hay mil caminos desde el Eo a Compostela, nada de particular tiene que en ese viaje imaginario del peregrino hasta Santa Cruz discurramos por varias rutas posibles y plausibles que lo Ilevan de la ribera al alto. Y nada tendría de extraño esta excursión si se admite como bueno el llamado camino alto y el paso de la Ría de Figueras a Ribadeo ya que, antiguamente, el camino de Ribadeo a Mondoñedo partía del barrio del Postigo, hoy Recarey, y seguía por San Lázaro y el Covo por la actual carretera de Vilela que deja a su vera el Monte de Santa Cruz.

Pues bien, aquel peregrino cuya meta era Compostela, hoy es el romero que va a la Jira y llega a la Villa desde los tres puntos cardinales a bordo del automóvil ruidoso y agresivo. Y los que vienen de Oriente por el antiguo camino alto, ya no precisan de embarcación para cruzar la Ria sino que utilizan el nuevo puente; y una vez en lo alto del monte lo buscan y rebuscan porque desde Santa Cruz las márgenes gallega y asturiana parecen unidas sin solución de continuidad y, afortunadamente, apenas se ve ese puente

Ribadeo siempre tuvo una relación estrecha con la hermana Asturias haciendo de verdadero puente cultural y sentimental entre las dos regiones norteñas. Hace años se jugaba el Campeonato de Occidente, que era el de Occidente de Asturias más Ribadeo. Cuando apenas circulaban automóviles por nuestras carreteras, ya existían líneas regula­res que unían Ribadeo con Oviedo y Gijón. Allá por los años 50, en la ocasión en que la Virgen de Covadonga recorriera toda Asturias en peregrinacion, Ribadeo pidió y obtuvo ser visitado por la Santina a la que dispensó un recibimiento superior a los que tuviera en Asturias. La fiesta de la Patrona coincide en el calendario con la de la Patrona de Asturias, a la que nos acerca más ese puente que tampoco se ve desde sí mismo, ya que el espejo que es la Ria no lo refleja a él, sino una vista realmente nueva y extraordinaria con tonalidades y perfiles tan llamativos que es corriente ver detenerse a automóviles y autobuses mientras los viajeros retroceden a pie para contemplar el paisaje entrevisto e increíble. La enormidad del mar hacia el Norte con la boca de la Ria guardada por la Punta de la Cruz y la isla Pancha, y la maravilla de las tres villas hacia el Sur con la blanca Figueras a la izquierda y semioculta por San Román y a la derecha coronado por la torre que brilla, Ribadeo, en silueta de grises y verdes, y enfrente, Castropol, que nos enfila como la proa de un navío con la torre de su iglesia semejando un pesado y orgulloso mástil.

Al fondo, muy al fondo, la Vega, que allí sí que no querían el puente. Qué pena que no se haya elevado más sobre el mar, que pena que al saltar de San Miguel a San Roman haya tenido que apoyarse, hiriéndola, en la Ria. Qué lastima que no tenga esa airosa superestructura de los puentes colgantes o atirantados que como abanicos gigantes acarician al viento. Ciertamente no es el Puente de Alcántara del siglo XX.

Y ahora algunos pensaran que voy a hablar del puerto mas no es así. Pero si quisiera hacerlo, aprovechando la presencia del Sr. Alcalde, de la necesidad futura de un aeropuerto en la zona O como se decia antes de un campo de aviacion que no es presisamente un campo de fütbol por mor de las servidumbres que trae consigo. Estamos a una hora del aeropuerto de Lugo, a algo más de dos del de Santiago, y a casi dos del de Ranón pero tenemos un competidor en Navia donde existe un pequeño campo de aviación, y la competencia siempre incómoda de La Coruna que tiene un mal aeropuerto y siempre se interfirió con los grandes proyectos de Ribadeo. Como dentro de no muchos años viajar en avión sera como hoy hacerlo en autmóvil, seria cuestión de plantearse la conveniencla de un aeropuerto que sirviera el area Canero-Vivero con penetración hacia el interior, y situado en la gran Ilanada que se extiende de Ribadeo a San Cosme.

Preveo un grave inconveniente aparte de otros que se pudieran argüir y es el viento. Ribadeo, Tapia y Tarifa son las tres puntas más ventosas de España; buena ventilación, dice eufemisticamente Madoz al hablar de Ribadeo y su comarca; iQué viento! decia don Andrés Ansoleaga, aquel Ayudante de Marina que estuvo varios años entre nosotros. Y un marino sabe de huracanes. Viento plural en su orientación y además racheado. No creo que sea ésta la zona más apropiada para un aeropuerto por Io que al menos yo doy por zanjada una posible polémica y por Io que a mí respecta pueden estar tranquilos los terratenientes presuntamente afectados por aquella de las servidumbres, que bastante tiene ya alguno con la Ley de Costas esa.

Y ya que el aeropuerto no da más de sí, quisiera pedirle al Alcalde su intermediación en un asunto que es fiel acompañante de toda actividad festiva y, además, muy sonora. Se trata de los cohetes. Inventada por los chinos, y muy usada por los árabes, la pólvora en forma de salvas, cohetes, tracas, fuegos de artificio y demás manifestaciones ruidosas y vistosas, forma parte fundamental de los diversos actos festivos a Ia largo y a lo ancho de España, con intensidad e incidencia diversas según la región o zona de que se trate. La fama se la lleva Valencia con sus tracas, pero aquí no le vamos a la zaga. Precisamente en Obe, al que pertenece Santa Cruz, gastaba el Lancha unos cohetes de tal calibre que el Párroco acabó prohibiéndole tirarlos desde el campanario por estrictas razones de seguridad. Pero, y ahí quiero incidir, para ese negocio existió siempre el fogueteiro que era ni más ni menos el encargado de tirar los cohetes y el único que podía hacerlo. En suma: un profesional. Hasta no hace mucho, el encargado de ese menester en Ribadeo era Pascasio que desempeñaba su función con la corrección y perfección que da la profesionalidad. Y entre las caracterIs­ticas del lanzamiento de cohetes, había que destacar el que. excepto las salvas de aviso, las tandas se median siempre por docenas o medias docenas, o sea que cuanda sonaba un cohete, ya sabíamos que darían las seis, las doce, las dieciocho, etc., etc., pero nunca las dos, las tres o las siete. Ahora ya no sucede Io mismo. Cualquiera puede a cualquier hora y en cualquier sitio tirar un cohete, y, además, dentro del desorden general que caracteriza estos tiempos en que vivimos, tampoco se respeta ya la norma de las medias docenas. Y asi hoy cualquier aficionado tira dos a tres cohetes y se para mientras los demás estamos esperando que se complete la serie, como aquel que, en un hotel, después de oír cómo el huésped que estaba en la habitación de encima se quitaba ruidosamente un zapato esperó inútilmente a que cayera el otro, que el de arriba depositó silenciasamente en el suelo al darse cuenta del estrépito que habia organizado con el primero. Y la intermediación que le pido no es más que la vuelta a las antiguas costumbres: un profesional para tirar los cohetes y su fraccionamiento por medias docenas completas. Así cuando oigamos el primer chupinazo ya sabemos a qué atenernos y, además tendremos la seguridad y la tranquilidad que da el saber que el trabajo esta siendo hecho por un profesional. Que bastantes aficionados hay en esta España de Dios.

Y con esto doy por terminado el turno de ruegos y peticiones al Sr. Alcalde que bastante tiene con las batallas que una semana si y otra también se libran en "La Comarca del Eo" cual si de un Concello de papel se tratase; amén de otros lances de orden distinto como esa búsqueda de la verdad perdida cuyo autor no hace mucho recomendaba rastrear los restos del Arca de Noé no en el Monte Ararat sino en el Monte Nisir.

Si viviese Raúl Puelles hubiese dictaminado que de no buscarla en el Monte Ararat habría que hacerlo no digo ya que en Santa Cruz pero si en el Mondigo; y no por nada sino por principio; y por si acaso: Raúl era un enamarado de Ribadeo como tantos y tantos que ha habido y habrá. Y lugares, personajes y aconteceres se llevaran al verso como hiciera Carnota, otro enamorado del pueblo cuyas composiciones creo que alguien recopiló. En estilo directo y descriptivo recorría Carnota las barrios de la Villa, y no se me olvidará aquella cuarteta que decia:

"Mismo chegando ao Patín, cheira que casi da rabia. Non é a flores do campo nin tampouco a Heno de Pravia".

Esto me hace pensar que por ahí debieran de pasar los peregrinos del camino alto de Santiago que cruzaban la Ría porque, como se sabe, los peregrinos, que ni se lavaban ni se duchaban, despedían un hedor considerable, y precisamente como sucedáneo de las flores del campo y del Heno de Pravia se dispuso en la Catedral de Santiago el famosa botafumeiro, que antes las cosas se hacian con mucha cuenta y razón. De modo y manera que por esta vía a intuición imprevista que se basa en la permanencia de las tradiciones, podríamos deducir o mejor inferir que no era Figuerúa ni Villavieja, ni siquiera Cabanela, sino Porcillán, el punto de desembarque; y que los que peregrinaban a Compostela subían por la antigua Rua d'os Ferreiros perfumando los alrededores, hallazgo que brindo a los estudiosos como modesta contribución a sus investigaciones.

Barrios, lugares, hombres, montes, tradiciones, geografla monumental y simbólica de un pueblo pequeño y grande, que merecería la atención, el cuidado y el cariño que sólo las madres tienen con las hijas y que con más rareza las hijas tienen con sus padres. La relación entre una persona y el pueblo que le vió nacer sólo tiene pareja con la de un hija con la madre, y es en muchos aspectos más fuerte que la que puede existir con la propia patria siendo precisamente la pertenencia del lugar de nacimiento a esa patria común la que, en definitiva, da sentido humano a esta última. Uno puede cambiar de nacionalidad, pero no puede desnaturalizarse

Ahí cabe preguntarse dónde va a terminar España una vez abierta la redoma encantada y traidora de las nacionalidades y de las autonomías que rompió la que podriamos llamar patria del cuerpo, y desencadenada la guerra de las lenguas, que rasga el manto de la lengua común que es la patria del alma. Pero hay otra cuestión en la que creo no se ha reparado y meditado lo suficiente. Hoy ya no nacen niños en los pueblos, sino en las maternidades de las capitales de provincia o de la ciudad importante más cercana. Luego si, se inscriben en donde deciden sus padres, pero no es que no sea lo mismo, es que es lo artificial frente a lo natural. Solo serán verdaderamente naturales de un pueblo los que Ilegaran sin avisar, sin tiempo para ir a la maternidad; o las hijas de aquellas que no tienen más techo que el cielo. Estas serán como la fruta cogida en el árbol; serán como los pendientes de aquel verso de Noriega Varela que dice:

"Cereixiñas frescas, bermellas,

ledicia d'os pumariños,

son as xoyas d'as orellas

d'as fillas dos probiños".

Todo salvo muy poco será importado. Casi nada genuino, auténtico. Es el artificio y el progreso que avanzan con sus demoledores tributos. Es la modernidad, es el vacío, es la nada. ¿Quién quedará que tenga tiempo y amor para hablar de Ribadeo, en sus barrios, de sus hombres y de sus cosas?.

Como Cabanela, que sueña a mezcla de espuma y especias.

Como Espiñaredo, que suena al agua que fluye por el arroyo.

Como las rondallas, que perfuman la noche con el aroma tropical de las habaneras.

Como el mar.

Y Dompinhor, que huele a pinos y ruiseñores.

Y Guimarán, que reza a la Virgen de Chiquinquirá.

Y El Alza, que se levanta sobre las puntas de los pies.

Y la Ría.

Y la Atalaya, que otea el horizonte.

Y la Fortaleza, que nos guardaba del enemigo.

Y el castillo de San Damián, que se inclina sobre el acantilado.

Y el viento.

Y el Jardín, que llora sus gigantes perdidos.

Y la Virgen del Camino, que espera a sus frailes de luengas barbas.

Y los Canapés, con sus bancos de piedra que invitan a reposar.

Y el mar.

Y Recarey, que evoca una vitrina con conchas y corales.

Y la torre que brilla cual estrella roja gigante.

Y la Isla Pancha en su soledad valiente.

Y la Ría.

Y la luna llena, que desde el cielo de Asturias la viste de plata.

Y la Villavieja, recostada en la curva.

Y Porcillán. con su vieja librea de portero del Norte.

Y Mirasol, el hijo de Figueirúa.

Y el viento.

Y el Convento de Santa Clara, con su mensaje de paz.

Y el Hospital, que nos llama a la caridad.

Y San Miguel, y San Lázaro, y San Roque, con sus capillas bonitas.

Y el mar.

Y las campanas, que ya no tañen.

Y los carros de juncos, que ya no se oyen chirriar.

Y el cargadero, que ya no es más que un nombre.

Y Santa Cruz, que está en lo alto.

Y la Ría.

Y el viento.

Y el mar.

J. B. Parga

Ribadeo, Agosto 1988